Desde la azotea de una tienda de alfombras pude hacer esta toma, que me resulta muy bonita.
No te parece que por esa puerta de un momento a otro va a salir Alí Babá? o Sherezade, o Omar Sharif en alguna de sus películas. No recuerdo el nombre de este palacio, hoy convertido en museo, pero si como denominaban a este salón, era el de la música.
Eso sí, las puestas de sol son preciosas. Hice suna serie de 15 tomas de esta misma puesta, y aunque me ha llevado algunos minutos, me he decantado por ésta. (vaya pareado, lo he hecho sin querer).
Y fué así, desde que salimos del puerto, esa gaviota nos estuvo acompañando hasta que nuestro barco se adentró bastante en el mar abierto. Parecía no querer despedirse de mí, como me gusta tanto fotografiarlas, igual ha sido antigua modelo de mi cámara y me reconoció.
Hacía tanta calor, que ni siquiera las olas del mar se movian para no sudar. Os aseguro que en esta atalaya sobre el mar donde está tomada la foto hubiera sido un descanso para la vista y el cuerpo de tener una temperatura de ventiocho grados y no los cuarenta a la sombra que había.
Día tórrido en la capital, el aire parece que te quema los pulmones, 40º a la sombra y al sol ni te cuento. Sólo la torre parece desafiar el calor cortando el azul del cielo.
El factor humano, como dice mi mujer. Esta toma está llena de ese factor, la mirada curiosa de la pequeña que está a la izquierda es lo que me hizo montar la cámara y disparar. Estaba ávida de contemplar al grupo de turistas comprando esencias en la tienda de enfrente.
En Túnez se pueden obtener tomas con encanto como esta. Parece que estás atrapado por su encanto o también puede parecer que tú atrapas el suyo. Es la pequeña diferencia de estar detrás o delante de la reja.