SEVILLA, presentacion de power point con sonido
Mi deseo es transmitir el sentimiento que un sevillano tiene al ver estas imágenes y oir las sevillanas del grupo Amigos de Gines dedicadas a mi ciudad.
Espero que os guste.
SEVILLA, presentacion de power point con sonido
Mi deseo es transmitir el sentimiento que un sevillano tiene al ver estas imágenes y oir las sevillanas del grupo Amigos de Gines dedicadas a mi ciudad.
Espero que os guste.
La foto como podeis comprobar está dirigida a las monjitas de Sor Ángela de la Cruz, que curiosas por la llegada a la puerta de su convento del paso de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia (El Sentencia para los sevillanos), asoman sus cabezas pegándolas al cristal para de esa manera poder ver mejor a su Cristo.
La Semana Santa en Sevilla tiene muchos momentos de gran emoción. Éste es uno de éllos, cuando la Virgen Macarena, regresa a su Basílica. El bullicio de la madrugá deja paso en la fresca mañana, al conjunto de caras de personas recién levantadas, recién duchadas, a olor a jabón y perfume, a ropa planchada, que mezcladas con otras caras, de cansansio, de sueño, con prendas manchadas de cera por cruzar entre las filas de nazarenos de cualquier procesión, esperan ansiosas la llegada de la Esperanza de San Gil.
Este momento es inolvidable y os voy acontar por qué. Primero os describo la escena. Después de una larga espera de casi dos horas (tienes que llegar pronto para coger un buen sitio), después de haber pasado delante de tus ojos, miles de nazarenos, los armaos, gente, el paso de La Sentencia, mas nazarenos, mas gente . . . llega jubilosa al ritmo de “pasan los campanilleros”. . . La Macarena, tan esperada, ya la tengo delante, estoy justo frente al Convento de Sor Ángela de la Cruz (no me acostumbro a llamarla Santa, pero que lo es), el paso de palio de la Virgen comienza una revirá para colocarse justo, justo delante de las grandes puertas de madera del convento de esas monjitas tan queridas en Sevilla. Seguidamente cuando el paso descansa sobre sus zancos, cuando la música se ha callado, cuando todo el gentío está mudo por la emoción, cuando sólo se oyen el trinar de las golondrinas y los vencejos, empiezan, las monjitas de los pobres a cantarle a la Virgen una salve. Si los ángeles tienen voz, estoy seguro que la tomaron de estas bienhechoras de las personas que sufren. Una vez terminan su rezo, el paso se eleva con una “levantá” a pulso y el gentío que abarrota la calle del mismo nombre de la Santa, prorrumpe en un atronador aplauso mientras la banda de música empieza de nuevo los acordes de ” pasan los campanilleros”.
El momento está descrito, desde hacía mucho tiempo pensaba que estos sentimientos que te afloran en ese instante, sólo lo podríamos percibir los sevillanos. ¡¡ Que equivocado estaba !!, ese Viernes Santo, delante de mí había un señor de unos sesenta años, bajito, regordete, con los cachetes coloraos, boína en la cabeza, le acompañaban sus tres mocetones hijos que habian pasado ya de la treintena, son gente navarra muy sencilla. Los ví rotos por el llanto, abrazándose los cuatro, sin decirse palabra alguna, llevandose el pañuelo a sus ojos para secar las lágrimas en sus rojas mejillas. El recuerdo de esa escena que ahora por primera vez estoy escribiendo, hace que vuelva a sentir ese nudo en la garganta que parece no quitarse por mucha saliva que tragues. En la foto, podeis comprobar como el contraguía, agarrado a su manigueta, reza fervorosamente en silencio.
Las luces y las sombras jalonan el recorrido del Cautivo de Santa Genoveva a su paso por el parque de Maria Luisa, y aquí, en ese instante en que su figura se perfila sobre la iluminada Plaza de España, todo el barrio del Tiro de Línea ,sale a su encuentro para acompañarle el resto de recorrido hasta su templo de Santa Genoveva.
Y parece despedirse de la Giralda que domina a toda Sevilla. El Cautivo, que acaba de salir de la Catedral después de hacer el recorrido por la carrera oficial, parece susurrarle a la torre que lo escucha atentamente, lo feliz que se encuentra de nuevo entre los sevillanos, en esa Plaza de la Inmaculada parece estar esperando a su madre, a la Virgen de las Mercedes e iniciar el lento y cansado regreso, ya de madrugada a su barrio del Tiro de Línea.
La cuadrilla de hermanos costaleros que sacan sobre sus hombros el paso de palio de Nuestra Señora de las Mercedes, hacen un pequeño descanso, después de dar una chicotá de 10 minutos desde que estaban en el interior del templo hasta depositar los zancos del palio en el suelo. Les quedan catorce horas para volver de madrugada de nuevo a su templo.
El espectante silencio se ha roto, ya no se escucha la voz del capatáz dirigiendo a su cuadrilla mientras el paso de palio sale del templo de Santa Genoveva, ya no se escucha el rachear de las alpargatas sobre la rampa de madera que salva el escalón de acceso al templo, ya no se escucha el sonido de las bambalinas rozando en los varales. Ahora, que ya está en la calle, mientras la banda de música toca la marcha real, un aplauso general, cariñoso y atronador hace saber a todo el Barrio del Tiro de Línea, que la imagen de Nuestra Virgen vuelve a estar entre nosotros.
Es la última chicotá que se da en el templo de Santa Genoveva, la Virgen de las Mercedes se va a reunir con su gente, con su barrio, con nosotros. Un año es demasiado tiempo para volverla a ver procesionar en nuestras calles, un año para volver a percibir ese perfume que desprenden las flores de su palio, un año para percibir de nuevo el olor a incienso que los acólitos queman y nos regalan nuestro sentido del olfato. No soy de los llamados capillitas, pero éste momento en que esta reflejada la toma, es de los que hacen el ritmo del corazón se acelere, que tus manos hagan verdaderos esfuerzos para que la foto no salga movida. Y es tanta la emoción que te embarga, que, sólo alguién que lo haya vivido como yo, sabe que con estas líneas no logro expresar lo que se siente.
Ese pequeño no está perdido entre esa multitud de capas negras, tiene a su hermano, padre, tio o primo cerca que lo vigila, no está perdido porque está con su hermandad, la de toda la familia, la que ha mamado desde bebé. Lleva orgulloso la túnica que habrá heredado de sus predecesores, tiene el corazón apretado de tanto que le late con la emoción de su primera salida procesional, con su hermandad, con su familia, con Sevilla, con su pueblo.