Las últimas luces del día, parecen no querer irse de las frias y cristalinas aguas del río Gévora.
El sol, poco a poco se va haciendo fuerte en la mañana, para que ese rocio vaya humedeciendo lentamente la tierra que da vida a esas briznas de hierba donde se deposita.
Es maravilloso ese olor cuando en una fresca mañana de invierno, a la que intenta dar calor unos rayos de sol, en combinación con el trino de los pájaros mientras las ranas del río Gévora hacen de coro.