Cuando vas paseando por un país, Italia, por una ciudad, Roma, por una avenida, la de la Conciliazione, por una Plaza la de Pio XII, das unos pasos hacia delante y entras a otro país, El Vaticano, donde no hay fronteras terrestres pero si ideológicas, donde no hay aduana pero dentro tienes que pagar por todo, donde piden para Dios y no le dan a ni a Cristo. Soy creyente a mi manera, no estoy de acuerdo con la iglesia de este estado del Vaticano, me gustan los sacerdotes que van a ayudar a los necesitados no los de opulentos y repletos estómagos, me gustan los misioneros y no los que se dedican a enriquecer sus iglesias, me gustan los que reparten su vida a los demás . . .
Creo que si algo hay que agradecerle a la Iglesia es su megalomanía en la contrucción de los templos, pero no a ese precio. Ejemplo es el Vaticano, el mayor templo del catolicismo.
