Eso me pareció, el olor del mar, el balanceo del vaporetto, el deseo de tocar tierra porque no me iba, llegaba a Venecia. Todo eso hacía que mi corazón subiese la velocidad en sus latidos. Ávido de verla de nuevo, de recorrerla, de tomarle el pulso a esta joya de ciudad aunque fuesen unas horas. Del perfil de Venecia recortado sobre ese cielo incendiado, no os digo nada. Decidlo vosotros mismos.
